Gestión de eventos de la Facultad de Filosofía y Letras - UBA, XI COLOQUIO INTERNACIONAL DE GEOCRITICA 2010

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La dimensión simbólica del territorio: Análisis de caso sobre mecanismos de diferenciación de lugar

RodrigoSilva, GuillermoTella

Última modificación: 2010-04-22

Resumen


A diferencia de las características de crecimiento urbano identificadas en el período de sustitución de importaciones de mediados del siglo veinte -en que la ciudad atravesaba las etapas de extensión, consolidación y densificación-, hoy la construcción de la ciudad es necesario explicarla a partir de tres procesos de actuación: calificación del espacio, valorización del territorio y diferenciación espacial, donde el Estado se ocupa de regular y sostener el mercado del suelo, el casco consolidado y las áreas de asentamientos populares, y el capital privado de organizar importantes fragmentos del territorio y desarrollar las áreas donde realiza sus propias inversiones. 

Estos procesos de cambio generan en la ciudad nuevas relaciones entre espacio, poder e identidad, y tales relaciones se expresan mediante símbolos, mediante elementos materiales que comunican ideas o valores que contribuyen a ordenar y configurar el territorio, la población y las inversiones. De modo que el símbolo constituye uno de los factores de diferenciación de lugares. Los símbolos son entendidos sólo en su contexto de referencia, y por lo tanto contribuyen a construir identidad, cultura y ciudad.

Con lo cual, se pone en evidencia la necesidad de reflexionar sobre las dimensiones simbólicas en el proceso de construcción de la ciudad. Sabemos que existen marcas físicas y simbólicas en su organización; que la constitución de esas marcas se producen al momento de ser concebida socialmente; que el acceso de los distintos sectores sociales al espacio construido es diferencial; y que existen diferencias entre el derecho y el acceso real de la población a la ciudad.

En esa línea, en el análisis simbólico del espacio urbano, los conceptos en discusión suelen ser: la autoridad, la centralidad, la legitimidad, lo público, lo privado. Con lo cual, el proceso de organización de los elementos urbanos implica la toma de decisiones previas por parte de las autoridades municipales. Esto se expresa sobre una carta de zonificación, cuya división u organización define marcas simbólicas a través de la que se demarca inicialmente el territorio.

Desde esta perspectiva, es necesario señalar que las relaciones y articulaciones entre redes de actores se conforman alrededor de los procesos de reproducción social. Asimismo, el acceso a la ciudad de los distintos sectores sociales se establece a partir de la organización física y simbólica del espacio urbano, a partir de la red de actores y mecanismos socioeconómicos que participan en este proceso.

El sistema social constituido funciona dentro de un determinado orden. En ese orden, la construcción del espacio es también de carácter simbólico. El espacio se organiza a partir de zonas con distinta calificación y precio y son ocupadas por sectores sociales distintos, con demarcaciones distintas. Con lo cual, permite mantener la diferenciación de actores en la distribución del territorio y -también- el control social para asegurar la reproducción del capital.

 

Hacia un status urbano del territorio

 

Todo ello está señalado en el territorio a través de marcas simbólicas que coinciden con la normativa vigente: la división en zonas del municipio (plano de zonificación); el tipo de trazado urbano (reticular, estelar, irregular, etc.); infraestructura y equipamiento disponibles (redes, plazas); la vegetación del lugar y el cuidado de la zona (limpieza); la accesibilidad con que cuenta y los precios del suelo. Se trata de elementos que permitirían indicar un status urbano de la zona. De este modo aparece el orden como expresión de una amplia y compleja red de actores interrelacionados y de una constelación de signos que demarcan el territorio.

Hablamos entonces de un nuevo mecanismo que interviene en la construcción de la ciudad. ¿Cuáles son entonces esas marcas simbólicas? El tipo de construcciones, el mantenimiento edilicio, tipo de vivienda, estado de la edificación, materiales predominantes, expresan el mayor contraste social y económico de un barrio que al mismo tiempo coincide con el orden que expresa la acción del Estado: zonificación, retícula, trama, uso del suelo, infraestructura, equipamiento, ancho de las calles, vegetación, mobiliario urbano, el cuidado de la zona, la seguridad, la accesibilidad, el valor del suelo, en la calidad del espacio público. Estas marcas se ordenan en el territorio a partir de diferencias que expresan un orden.

La representación de áreas de precios, cuidado de la zona, mantenimiento edilicio, dotación de infraestructura, etc., define áreas homogéneas. La observación de estos indicadores sobre un área determinada permite construir mapas que expresan las marcas simbólicas del lugar. Esto conforma determinados parámetros que pueden leerse a distintas escalas: parcela, manzana, sector, zona, etc.

En consecuencia, encontramos varios discursos: el discurso del orden, dado por el Estado a espacios y actividades; el discurso del poder, dado por las relaciones de fuerza instaladas; el discurso de la diferenciación, dado por su propia cualidad urbana. Existe entonces un discurso urbano, legitimado socialmente, en el que la ciudad "nos habla" para expresar orden, poder y diferenciación.

Desde esta perspectiva, se trabajó sobre una localidad del municipio de Tigre, en el norte de la región metropolitana de Buenos Aires, para dar cuenta de las divisiones físicas y simbólicas detectadas y la distribución de los distintos sectores sociales en el espacio construido. La organización del espacio, la consistencia del tejido, el tratamiento paisajístico, la valoración inmobiliaria, el carácter de la trama, los sistemas de control, el cuidado del entorno y los tipos de regulación constituyen algunos de los principales ejes examinados.

En consecuencia, a partir de la construcción de una variable compleja, capaz de definir el acceso real de la población a la ciudad en un área de estudio, desde ámbitos académicos se ha comenzado a diseñar instrumentos de actuación que tiendan a fomentar un modelo de ciudad que reduzca las diferencias entre el derecho y el acceso real de los distintos sectores sociales al espacio construido de la población.

El aspecto de la ciudad, la normativa urbanística así como el espacio público y el privado se articulan y configuran un modelo que se reproduce a sí mismo sobre la base de lo que fue, sobre lo que es y sobre lo que puede ser. El territorio entonces mezcla imaginarios colectivos, con mercado del suelo, con actores y con infraestructuras, generando un espacio cargado de sensaciones, de usos y de cualidades que determinan precios, localizaciones, calidad de vida e inversiones que ponen en evidencia la diferenciación de lugar.

 


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